Agiliza tu mente con estos ejercicios

Usa tu mano “débil”

Si eres diestro, utiliza la zurda y viceversa. Pasa todo un día (o al menos una hora) haciendo cosas con tu mano “no dominante”. Abre la puerta, trata de escribir, usa las llaves, toma una cuchara, todo con tu mano contraria. Será muy divertido y además con esta tarea tan sencilla tu cerebro tendrá que pensar de una manera diferente a la que está acostumbrada, estableciendo a su vez conexiones nuevas. También tendrá que “repensar” antes de mandar las señales a los miembros superiores o inferiores, algo que no hace a menudo y que permiten ejercitar un sector más olvidado. Ponte el reloj en la otra muñeca para recordar el resto de cambio de manos en tus tareas domésticas.

 

Disfruta de los juegos de mente

Son una excelente manera de hacer que el cerebro se ponga en movimiento. Por ejemplo, los crucigramas, el sudoku, los juegos electrónicos del tipo “brain training”, las preguntas y respuestas, los multiple choice, la sopa de letras, etc. Todos estos juegos son estupendos para que la agilidad mental aumente y a la vez tengas la capacidad de memorizar más información. Es que están basados en la lógica y las capacidades (como ser matemáticas o verbales). Y no hay dudas de que son más que divertidos. Deja un poco de lado la televisión y consigue una revista de juegos de ingenio, será un bien para ti y otro para tu cerebro. Se obtiene mucho beneficio por tan sólo 15 minutos al día.

Alimenta tu cerebro correctamente

Al igual que ocurre con tu cuerpo, tu mente también necesita estar bien alimentado. Ingiere grasas, pero de las saludables. Es decir, aquellas que contiene el pescado (salmón principalmente), los frutos secos (las nueces sobre todo) y los aceites vírgenes (como el de oliva o el de linaza). No dejes de consumirlos en tu dieta diaria y reduce las grasas malas, o sea, las saturadas. Elimina todos los ácidos transgrasos de tu plan alimentario porque no son buenos ni para el cuerpo ni para el cerebro.

Recorre sitios diferentes

No vayas siempre por el mismo camino, sea a pie, en coche o en autobús. De lo posible trata de cruzar por otras esquinas, cambiar la línea de transporte público, bajar antes o elegir las calles laterales en lugar de las Avenidas. Es un pequeño cambio a la rutina que te servirá para muchas cosas, desde no aburrirte hacia o desde el trabajo hasta ayudar al cerebro a practicar lo que se denomina la “memoria espacial”. Además aprenderás nuevas direcciones y conocerás sitios que de otra manera no. Intenta aunque sea cambiar de acera y modifica el orden en el que vas a una tienda. En vez de pasar siempre por una calle con edificios, busca una que tenga parques o casas bajas.

Adquiere una habilidad nueva

Esto hará que tus múltiples áreas del cerebro se pongan en acción. La memoria es la que entrará en juego, además de otros beneficios. Aprenderás a su vez nuevos movimientos, asociarás datos e información de varias cosas de una forma diferente. Aprende a cocinar, haz un curso de idiomas, ve a una clase de baile, de cerámica, de literatura. Si te gusta leer novelas, elige ensayos o viceversa. Todo sirve para “retar” a tu cerebro y ofrecerle nuevas cosas para pensar.

 

Rompe con la rutina

Como se decía anteriormente, es bueno de vez en cuando cambiar lo que se hace “por costumbre”. Cuánto más nos habituamos a una tarea más se convierte en algo arraigada y el cerebro no tiene que hacer demasiado para terminarla o llevarla a cabo. Si realmente quieres ayudar a tu mente y que siempre esté joven, es preciso que la rete a nuevos desafíos. Todo aquello que esfuerce a tu cerebro a despertarse y dejar de lado los hábitos es bienvenido. No tendrá otra opción que prestar más atención.

Aprende números de teléfono útiles

Por causa de los smartphones, la gente ya no se acuerda de memoria el número de teléfono de sus padres, de su pareja, de su mejor amigo. Todo está en ese aparato. Esta es una maravillosa actividad para ejercitar la mente. Puedes aprender uno nuevo cada día, pero teniendo cuidado de no olvidarte el anterior.

Haz listas

Son realmente maravillosas porque ayudan a relacionar un dato con otro. Por ejemplo, crea un listado con los sitios a donde has viajado, las comidas más deliciosas que has probado, los mejores regalos que has recibido, los nombres para tus futuros hijos, etc. No hace falta que lo escribas en un papel, mejor que queden “guardados” en tu memoria, el mejor lugar que existe.

Manual del descanso

El sueño y la edad

Dormir es esencial en nuestras vidas ya que nos permite descansar y reponer la energía que hemos gastado. Pero, ¿cuántas horas debemos emplear para un buen descanso? ¿Hay que dormir lo mismo a cualquier edad?

No todas las personas necesitan el mismo número de horas para descansar. Además de las características físicas y mentales de cada persona influye, de manera muy importante, la edad.

Es decir, nuestro sueño evoluciona con nuestro organismo precisando más horas al inicio e nuestra vida y menos a medida que nos acercamos a la vejez.

La infancia

No podemos conocer con exactitud la cantidad de horas que un niño necesita dormir. El descanso en cada niño depende de su ritmo metabólico, de su edad, de su actividad diaria o de sus hábitos.

Como norma general, un recién nacido emplea de media unas 18 horas para descansar. Es decir, solamente se despierta pata su alimentación.

Poco a poco empieza a adaptarse a su entorno y al cumplir el primer mes de vida, requiere unas 16 horas de descanso. A los dos o tres meses, ya es capaz de distinguir entre el día y la noche y es posible que sea capaz de dormir toda la noche sin necesidad de despertarse para su alimentación.

Al año, en circunstancias normales, dormirá de media unas 12 horas, reduciéndose a 9 o 10 cuando empiezan su educación en la escuela.

Esta cifra irá disminuyendo hasta una media de 8 horas a medida que se acercan a la adolescencia.

Lo que es importante es establecer, a lo largo del día, una rutina con horarios y actividades para que el niño se sienta seguro y confiado. De esta forma aprenderán a distinguir cuando deben acostarse para descansar.

De la misma forma, es esencial el ambiente de descanso, que este no sea ni muy caluroso ni muy frío, que la ropa de cama sea muy cómoda y que ellos se sientan limpios y cómodos para descansar.

Para conocer si un niño descansa bien, es básico el fijarse en su día a día: somnolencia, falta de atención, irascibilidad, …, son factores que nos indicarán que el niño no descansa de forma adecuada.

La adolescencia

Los adolescentes necesitan entre ocho y media y poco más de nueve horas de sueño cada noche.

En los adolescentes el reloj biológico del sueño funciona de distinta manera que en niños o en adultos. La melatonina, hormona que regula el ritmo del sueño y la vigilia, aparece más tarde por la noche en los adolescentes que en niños y adultos. Esto hace que hace que tengan menos ganas de acostarse.

Algunos indicadores de que no se está durmiendo bien pueden ser la dificultad para levantarse, la falta de concentración, irascibilidad, …

Para hacer que el adolescente duerma más y mejor, se recomienda acostarse habitualmente a la misma hora, no tomar bebidas irritantes (café o refrescos de cola), evitar actividades que puedan alterar al adolescente antes de acostarse (películas o programas de televisión violentos), no hacer siestas largas o practicar algo de ejercicio cada día.

Los adultos

De los 20 a los 40 años, nuestro cuerpo necesita una media de 8 horas de sueño. Entre los 40 y los 60 esta media puede reducirse hasta las 7 horas de sueño total.

Pero es en esta franja de edad cuando debemos cumplir con mayor número de responsabilidades, tenemos un mayor número de preocupaciones, etc. Por eso nuestro cerebro no descansa y si nos acostamos algo alterados o preocupados por cualquier motivo, puede ser la causa de un mal y discontinuo descanso.

Algunas recomendaciones para dormir de forma adecuada a esta edad son:

Mantener una regularidad en el horario del descanso. Se debe establecer una rutina para acostarnos y levantarnos a la misma hora.
Reducir la siesta o descansos durante el dí, ya que puede provocar sentir menor sueño en la noche.
No tomar bebidas excitantes, ni alcohol ni fumar.
Establecer una rutina de ejercicio diario.
Hacer que el lugar para dormir sea seguro y cómodo, siempre con la mínima contaminación lumínica y acústica posible y siempre bien ventilado.
El embarazo

Las mujeres embarazadas observarán que al inicio de su estado aumentan las horas de sueño. Hacia el final del embarazo les costará conciliar el sueño por el tamaño y peso de su abdomen (les impedirá moverse y encontrar la posición más cómoda), o por la necesidad constante de orinar o bien por empezar a sentir contracciones uterinas.

Es aconsejable que las embarazadas duerman sobre su costado izquierdo ya que esta posición favorece el flujo cardíaco materno.

Se debe dormir con la cabeza más ala que el cuerpo, orinar antes de dormir, hacer ejercicio (pero no justo antes de ir a dormir), comer de forma ligera antes del descanso y establecer una rutina de descanso, es decir, acostarse y levantarse a la misma hora reduciendo las horas de sueño diurno.

La vejez

A partir de los 60 años, las horas de sueño lento y profundo se reducen considerablemente, con lo que aumentan los tiempos en los que estamos despiertos en la cama o también aumentan el número de despertares nocturnos.

Por tanto, es normal que las personas a partir de esa edad duerman un total de 6 horas nocturnas y 1 o 2 diurnas. Al reducir las horas de sueño durante la noche, pero permanecer casi el mismo tiempo e la cama, hace que tengamos la sensación de un descanso de mala calidad o poco eficaz.

Por tanto, es esencial a esta edad prepararse para el descanso. Es preciso contar con una habitación totalmente acomodada para el descanso (luz, ruido, ventilación), contar también con un sistema de descanso (somier, colchón, almohada y ropa de cama) totalmente adaptado a nuestras necesidades y practicar ejercicio físico de forma regular.