A los Pies del Maestro: Krishnamurti PDF Imprimir E-Mail
escrito por Administrator   
Friday, 02 de October de 2009
Image MUY BUENO!

Estas palabras no son mías: son del Maestro que meenseñó. Sin Él no hubiera podido hacer nada, pero con Su ayuda he puesto lospies en el Sendero. Vosotros también deseáis penetrar en este Sendero; y así,las mismas palabras que Él me dijo os ayudarán si queréis obedecerlas. No bastadecir que estas palabras son bellas y verdaderas; quien desee lograr éxito debehacer exactamente lo que ellas entrañan. Mirar la co­miday decir que es sabrosa no satisfaría a un hambriento: ha de comerla. Asípues, no basta escuchar al Maestro: debéis practicar lo que Él aconseja,atendiendo a cada palabra y fijándoos en cada insinuación. Si no advertís unaindica­ción, si no atendéis a una palabra, queda perdi­da para siempre, porqueÉl no las repite.

 

En este Sendero se requieren cuatro cualida­des:

DISCERNIMIENTO

CARENCIA DEDESEOS

BUENACONDUCTA

AMOR

Trataré de explicaros lo que el Maestro me dijo acercade cada una de ellas.

 

 

A LOS PIES DEL MAESTRO

I

La primera cualidad es el DISCERNIMIENTO. Se denominaasí, generalmente, a la facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio, yla cual guía a los hombres para entrar en el Sendero. Pero también es mucho másque esto, y debe practicarse no tan sólo en los comienzos del Sendero, sino encada una de sus etapas, diaria­mente, hasta el fin.

 

Vosotros entráis en el Sendero porque habéis aprendidoque tan sólo en él pueden encontrar­se las cosas dignas de ser alcanzadas. Losque no saben esto trabajan para adquirir riqueza y poder, pero esto dura a lomás una vida tan sólo y, por lo tanto, no es real. Hay bienes ma­yores, realesy perdurables, cuando los hayáis alcanzado, ya no desearéis jamás aquellosotros.

 

En el mundo hay dos clases de seres: los sa­bios ylos ignorantes. Esta sabiduría es laque nos interesa. La religión que un hombre profe­se, la raza a que pertenezca,importan poco; lo realmente importante es que los hombres co­nozcan el planDivino. Porque el plan de Dios es la evolución. Una vez que el hombre realmentelo reconoce, no puede sino identificarse con sus designios y trabajar deacuerdo con él, porque es tan glorioso como bello. Así, conociéndolo, permaneceal lado de Dios, firme para el bien y resistente contra el mal, trabajando parala evolución y no por egoísmo.

 

Si está al lado de Dios, está unido a nosotros, y noimporta lo mínimo que se llame hindú o buddhista, cristiano o mahometano, nique sea indio o inglés, chino o ruso.

 

Los que están al lado de Dios saben por qué están aquíy cuál es su misión, y procuran cumplirla; los demás no saben todavía lo quehan de hacer, y así obran a menudo erróneamente e intentan trazarse vías queimaginan placenteras sin comprender que todos somos uno y que, por lo tanto,tan sólo lo que el Uno quiere puede ser verdaderamente agradable para todos.Ellos van en pos de lo irreal, en vez de lo real. Hasta que aprendan adistinguir entre los dos, no se colocarán al lado de Dios, y, para aprenderlo,discernimiento es el primer paso.

 

Pero, aun después de efectuada la elección, debéisrecordar que hay muchas variedades de lo real y lo irreal, y por lo tantodebemos dis­cernir también entre lo justo y lo injusto, lo esencial y loaccesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y loaltruista.

 

Aquellos que, deseosos de seguir al Maestro, hanresuelto servir a lo justo a toda costa, no hallan dificultad en la elecciónentre lo justo y lo injusto. Pero el cuerpo es distinto del hom­bre, y lavoluntad del hombre no siempre coin­cide con el deseo del cuerpo.

 

Cuando vuestro cuerpo desee algo, deteneos a pensar sivosotros realmente lo deseáis. Porque vosotros sois Dios, y queréis únicamentelo que Dios quiere; así, debéis buscar profundamente en vosotros mis­mos parahallar el Dios interno y escuchar Su voz, que es vuestra voz.

 

No confundáis con vos­otros mismos ni vuestro cuerpofísico, ni vues­tro cuerpo astral, ni vuestro cuerpo mental, porque cada uno deellos pretenderá ser el Yo, a fin de obtener lo que desea. Debéis conocerlostodos y reconoceros por su dueño.

 

 

 

Cuando se ha de hacer un trabajo, el cuerpo físicoquiere descansar, pasear, comer y beber; y el ignorante se dice a sí mismo:"Yo quiero hacer estas cosas y debo hacerlas." Pero el sa­bio dice:"Lo que en mí desea no soy yo, y pue­de esperar." A menudo, cuando sepresenta alguna oportunidad para ayudar a alguien, el cuerpo incita a pensar:"¡Qué molestia me cau­sa esto! Dejemos que otro lo haga." Pero elhombre le replica a su cuerpo: "Tú no me es­torbarás para practicar elbien."

 

El cuerpo es nuestro animal, el caballo en quecabalgamos. Por lo tanto, debéis tratarlo y cui­darlo bien; no debéisfatigarlo; debéis alimen­tarlo tan sólo con comidas y bebidas puras, y llevarloescrupulosamente limpio de la más leve mancha. Porque sin un cuerpo perfectamen­telimpio y sano no podríais llevar a cabo el arduo trabajo de preparación, nipodríais sopor­tar el esfuerzo incesante. Pero vosotros debéis gobernarconstantemente al cuerpo, nunca el cuerpo a vosotros.

 

El cuerpo astral tiene sus deseos a docenas; él osinclina a la cólera, a la injuria, a la envi­dia, a la avaricia, a codiciar losbienes ajenos, a sumiros en la depresión. El cuerpo astral quie­re todas estascosas y muchas más, no porque desee perjudicaros, sino porque le gustan lasvibraciones intensas, así como el cambio cons­tante de ellas.

Más vosotros no necesitáis estas cosas, y por estodebéis saber distinguir entre vuestros deseos y los de vuestro cuerpo.

 

Nuestro cuerpo mental desea pensar orgullosamente quees algo separado de lo demás; pen­sar dándose mucho valor a sí mismo y poco alos otros. Aun cuando lo hayáis apartado de las cosas mundanas, persiste enespecular sobre sí mismo, en incitaros a pensar en vuestros pro­pios progresos,en vez de pensar en la labor de los Maestros y en ayudar a los demás.

 

Cuando meditéis, tratará de haceros pensar en las di­ferentescosas que él desea, en vez de pensar en lo que vosotros queréis. Vosotros nosois esta mente, sino que ella está a vuestro servicio, y así también en estecaso es necesario el discer­nimiento. Debéis vigilar constantemente, so pe­nade fracaso.

 

El Ocultismo no tiene compromiso entre lo justo y loinjusto. Debéis hacer a toda costa lo justo; debéis dejar de hacer lo injusto,sin importaros lo que el ignorante piense o diga. Debéis estudiar profundamentelas leyes ocul­tas de la Naturaleza, y cuando las conozcáis, ordenad vuestravida de acuerdo con ella, em­pleando siempre la razón y el sentido común.

 

Debéis saber distinguir lo importante de losecundario. Firmes como una roca cuando de lo justo y de lo injusto se trate,dad siempre la razón a los demás en cosas de poca importan­cia. Porque debéisser siempre amables y cari­ñosos, razonables y condescendientes; habéis deconceder siempre a los demás la misma liber­tad que necesitáis para vosotrosmismos.

 

Tratad de ver lo que es más meritorio que hagáis, yrecordad que no debéis juzgar las co­sas por su aparente grandeza. Es mucho másmeritorio hacer una cosa mínima pero útil a la labor del Maestro, que otra demayor apariencia de las que el mundo llama buenas.

 

 

Debéis distinguir no tan sólo entre lo útil y loinútil, sino entre lo más útil y lo menos útil. Alimentar a un pobre es bueno,útil y noble; pero alimentar su alma es todavía más noble y más útil quealimentar su cuerpo. Cualquier rico puede alimentar el cuerpo de un necesitado,pero tan sólo los sabios pueden alimentar su alma. Si sois sabios, vuestrodeber es ayudar a otros en el logro de la sabiduría.

 

Noobstante, por sabios que seáis, tenéis mu­cho que aprender en este Sendero, ypor esto también en él es preciso el discernimiento. De­béis pensarcuidadosamente lo que es mejor que aprendáis. Todo conocimiento es útil, yllegará un día en que lo alcancéis; pero mientras tan sólo poseáis una parte,cuidad de que ésa sea la más útil.

 

Dios es tanto Sabiduría comoAmor, y cuanta más sabiduría alcancéis, mejor podréis mani­festar a Dios.Estudiad, pues; mas, en primer lu­gar, estudiad lo que os ayude a ayudar a losotros. Estudiad pacientemente, no porque los hombres os llamen sabios, ni aunpor tener la dicha de serlo, sino porque tan sólo el sabio puede ayudarsabiamente. Por mucho que de­seéis ayudar, si sois ignorantes, podréis hacermás mal que bien.

 

Debéis saber distinguir lo falso de lo verda­dero;debéis aprender a ser verídicos en todas las circunstancias, en pensamiento, enpalabra y en obra.

 

Primero en pensamiento; y esto no es fácil, porque enel mundo hay muchos pensamientos falsos, muchas supersticiones tontas, y nadieque esté esclavizado por ellas puede progresar. asípues, no debéis sostener una idea precisa­mente porque otros lasostienen, ni porque se haya creído en ella durante siglos, ni porque estéescrita en algún libro que los hombres tengan por sagrado.

 

Debéis pensar acerca de aquel asunto por vosotrosmismos, y juzgar si es razonable. Recordad que la opinión de un mi­llar dehombres acerca de algún asunto que des­conozcan no tiene ningún valor. Los quepien­san hollar el Sendero deben aprender a pensar por sí mismos, porque lasuperstición es uno de los mayores males del mundo, una de las liga­duras deque totalmente debéis desembarazaros.

 

En lo tocante a los demás, vuestros pensa­mientosdeben ser verídicos; no debéis pensar acerca de nadie lo que no sepáis. Nosupongáis que los demás están siempre pensando en vosotros.

 

Si un hombre hace algo que parezca perjudi­caros, odice algo que creáis que se refiere a vosotros, no penséis entonces:"Quiere ofender­me." Probablemente ni siquiera piensa en vosotros,porque cada alma tiene sus propias tribu­laciones y pensamientos, que flotanprincipal­mente alrededor de ella. Si un hombre os habla colérico, no penséis:"Me odia, trata de herir­me." Quizá otra persona o alguna otra cosalo han contrariado, y porque tropieza eventual­mente con vosotros, descarga sucólera en vos­otros. Él obra imprudentemente, porque toda clase de cólera esprueba de insensatez; pero vosotros no os debéis formar de él un juicioequivocado.

 

Cuando seáis discípulos del Maestro, podréis ponersiempre a tono la pureza de vuestros pen­samientos comparándolos con los Suyos.Porque el discípulo es uno con su Maestro, y debe pro­curar fundir supensamiento con el Suyo y ver si coinciden. Si no están a tono, su pensamientono es recto, y debe variarlo inmediatamente, porque los pensamientos delMaestro son per­fectos, puesto que Él lo sabe todo.

 

Los que to­davía no han sido aceptados por Él, nopueden hacerlo del todo; pero pueden ayudarse mucho deteniéndose a pensar amenudo: "¿Qué pen­saría el Maestro en estas circunstancias?""¿Qué haría o qué diría el Maestro acerca de esto?" Porque no debéisnunca hacer, decir o pensar lo que no podáis imaginar al Maestro haciéndo­lo,diciéndolo o pensándolo.

 

Aun al relatar habéis de ser verídicos, exactos y sinexageración.

 

Nunca atribuyáis intenciones a otro; tan sólo suMaestro conoce sus pensamientos, y él puede estar obrando por razones de que notenéis idea. Si oís que dicen algo en contra de alguna per­sona, no lorepitáis; podría no ser verdad, y aun cuando lo fuese, es caritativo callar.Pensad bien antes de hablar, no sea que incurráis en inexactitudes.

 

Sed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otrodel que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz deverdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla através de un diáfano cristal.

 

Debéis distinguir entre el egoísmo y el desin­terés;porque el egoísmo se presenta bajo mu­chas formas, y cuando creáis que al finlo habéis destruido en algunos de sus aspectos, surge en otro tan fuerte comosiempre. Pero gradualmen­te os irá animando tan por completo el pensa­miento deayudar a los demás, que no habrá lu­gar ni tiempo para pensar en vosotrosmismos.

 

También debéis distinguir en otro sentido. Aprended areconocer a Dios en todos los seres y en todas las cosas, prescindiendo del malque puedan presentar en la superficie. Podéis ayu­dar a vuestros hermanos pormedio de lo que te­néis de común con ellos, esto es, la Vida Divina. Aprended adespertarla y a vivificarla en ellos, así los salvaréis de lo falso.

 

II

Hay muchos individuos para quienes la cuali­dad"CARENCIA DE DESEOS" es verdaderamente di­fícil, porque sienten quesus deseos son ellos mis­mos, y que si desechan sus deseos peculiares, susgustos y disgustos, dejará de existir su yo. Pero esto les sucede tan sólo aquienes no han visto al Maestro. A la luz de su Santa Presencia se extinguentodos los deseos, menos el de igua­larse a Él. Sin embargo, antes que gocéis,de la felicidad de encontraros frente a frente con Él, podréis alcanzar, siqueréis, la "Carencia de deseos".

 

ElDiscernimiento os ha mostrado ya que las cosas que los hombres más desean, comola ri­queza y el poder, no tienen valor alguno. Cuando esto no se dice tansólo, sino que se siente en ver­dad, cesa todo deseo de ellos.

 

Asípues, todo eso es sencillo; sólo se requiere que lo comprendáis. Pero hayalgunos que cesan de perseguir los bienes terrenales, con el fin de ganar elcielo o alcanzar la liberación personal del renacimiento; no debéis caer eneste error. Si habéis olvidado al yo, no podéis pensar en la hora en que esteyo sea libre o qué clase de cielo tendrá.

 

Recordadque todo deseo egoísta ata, por elevado que sea su objeto, y en tanto no os ha­yáislibrado de él no estaréis enteramente pre­parados para dedicaros a la labor delMaestro.

 

Cuandodesaparezcan todos los deseos que se refieren al yo, todavía puede existir eldeseo de ver los resultados de vuestra obra. Si ayudáis a alguien, querréis ver en cuánto lo habéis ayuda­do; aun tal vez queréis queaquel a quien habéis ayudado, también lo vea y os lo agradezca. Esto es todavíadeseo, y, además, falta de confianza.

 

Cuandohacéis todo el esfuerzo que podéis pa­ra ayudar, debe dar un resultado, tantosi po­déis verlo como si no; si reconocéis la manera de obrar de la Ley, sabéisque esto es así. Por esto debéis obrar rectamente por amor a lo recto, no conesperanza de recompensa; debéis trabajar por amor al trabajo, no por laesperanza de ver el resultado; debéis entregaros al servicio del mundo, porquelo amáis y no podéis dejar de en­tregaros a él.

 

Nodeseéis poderes psíquicos; ya vendrán cuando el Maestro comprenda que debéistener­los. Además, es esforzarse en adquirirlos trae consigo, muy a menudo,gran perturbación; fre­cuentemente, a su poseedor le descarrían los fa­lacesespíritus de la naturaleza, o se envanece y cree que él no puede caer en error;y el tiempo y el esfuerzo que emplea para alcanzar estos po­deres podríaemplearlos, de cualquier otro modo, en trabajar para los demás. Los poderesvendrán en el curso del desarrollo; deben venir; y si el Maestro ve que es útil que los tengáis antes, osenseñará a desarrollarlos sin peligro. Hasta en­tonces, estaréis mejor sinellos.

 

Además,debéis precaveros de ciertos peque­ños deseos que son comunes en la vidadiaria. No deseéis jamás brillar o parecer superior en nin­gún sentido; nohabléis mucho. Es mejor hablar poco; es mejor todavía callar, hasta que estéisseguros de que lo que vais a decir es VERDADERO, BUENO y PUEDE AYUDAR A OTROS.Antes de hablar, pensad cuidadosamente si lo que vais a decir posee estas trescualidades; si no es así, no lo digáis.

 

Lomejor es acostumbrarse desde el primer momento a pensar cuidadosamente antes deha­blar, porque cuando alcancéis la Iniciación de­béis fijaros en cada palabra,no sea que digáis lo que no debe decirse. Mucha habladuría vulgar es insensatay vana; cuando es chismosa, es ma­ligna. Así, acostumbraos a escuchar, mejorque a hablar, no expongáis opiniones, a menos que os las pidan directamente. Enresumen; las cua­lidades son: saber oír, querer y callar; y la últi­ma es lamás ardua de todas.

 

Otro común deseo que debéis reprimir severa­mente esel de inmiscuiros en los asuntos de los demás. Lo que otro haga o diga o crea,no es co­sa vuestra, y debéis aprender a dejarlo comple­tamente solo. Él tieneperfecto derecho al pen­samiento, palabra y acción libres, mientras no se metacon otro. Así como vosotros reclamáis la libertad de hacer lo más conveniente,debéis con­cederle la misma libertad, y cuando la usufruc­túa no tenéis ningúnderecho a ocuparos de él.

 

Si pensáis que obra equivocadamente, y podéis hallaroportunidad de decirle privadamente y con la mayor delicadeza vuestra opinión,es posi­ble que lo convenzáis; pero hay muchos casos en que, aun de estamanera, la intervención sería impropia. Nunca debéis hablar a una tercera per­sonaacerca del asunto, porque ésta es una ac­ción muy baja.

 

Si veis un caso de crueldad contra un niño o unanimal, vuestro deber es defenderlos. Si está­is encargados de instruir a otrapersona, es vues­tro deber reprender afectuosamente sus faltas. Excepto ensemejantes casos, ocupaos de vues­tros propios asuntos y ejercitad la virtuddel silencio.

III

 

Las seis reglas de conducta que particular­mente serequieren, las da el Maestro en este orden:

1ª Dominio de la mente.

2ª Dominio de la acción.

3ª Tolerancia.

4ª Alegría.

5ª Aspiración única.

6ª Confianza.

Sé que algunas de estas cualidades se han de­nominadodiferentemente, pero yo hago uso de los nombres que el Maestro mismo les dabaal explicármelas.

dominio dela mente.— La cualidad "Ca­rencia dedeseos" nos demuestra que debemos dominar el cuerpo astral; esta otrasignifica lo mismo con relación al cuerpo mental. Ello impli­ca dominio deltemperamento, de suerte que no podáis sentir cólera o impaciencia; dominio dela mente, de modo que podáis sosegar y tran­quilizar el pensamiento y, pormedio de la men­te, dominio del sistema nervioso, a fin de que se excite lomenos posible.

 

Estoúltimo es difícil, porque cuando os pre­paráis para entrar en el Sendero, nopodéis evi­tar que vuestro cuerpo se haga más sensitivo, y así los nervios sonperturbados por cualquier choque o sonido, y sienten agudamente cualquierpresión; mas debéis hacer lo posible por evitarlo.

 

Mentetranquila significa también valor para arrastrar sin temor las pruebas ydificultades del Sendero; significa además firmeza para con­siderar serenamentecuanto os acontezca en la vida cotidiana, y evitar el incesante tedio e in­quietudque dimanen de ciertos pormenores de la vida, en los que muchos malgastan lamayor parte del tiempo.

 

ElMaestro enseña que a un hombre no le debe importar lo más mínimo cuan­toprovenga del exterior: tristezas, disgustos, en­fermedades, pérdidas; todo estonada debe sig­nificar para él, ni ha de permitir que perturbe la calma de sumente. Estas cosas son resultado de pasadas acciones, y cuando sobrevengan, de­béissoportarlas con calma, recordando que todo mal es transitorio, y que vuestrodeber es permanecer siempre contentos y serenos. Aque­llo pertenece a vuestrasvidas anteriores, no a ésta; no podéis alterarlo, y, así es inútil preocu­parospor ello. Pensad, mejor, lo que hacéis aho­ra, lo cual determinará losacontecimientos de vuestra próxima vida, pues esto podéis modi­ficarlo.

Nocedáis jamás a la tristeza ni a la depresión.

 

Ladepresión es un mal, porque contamina a otros y torna sus vidas más penosas, alo cual no tenéis derecho alguno. Por esta razón, si alguna vez os acometen,desechadlas para siempre.

 

Aunen otro sentido debéis dominar vuestro pensamiento; no le permitáis errar a laventura. Fijad la atención en lo que estéis haciendo, sea lo que fuere, paraque lo hagáis con toda la per­fección posible; no acostumbréis vuestra mente ala vagancia; antes bien conservad buenos pen­samientos siempre en su fondo,dispuestos a surgir en el momento en que ella esté libre.

Empleadtodos los días el poder de vuestro pensamiento en buenos propósitos; convertíosen un poder que trabaje de acuerdo con la evolu­ción. Pensad cada día en algunode quien sepáis que está triste, que sufre o que necesita ayuda, y enviadlepensamientos de amor.

 

Apartadvuestra mente del orgullo, porque el orgullo es hijo de la ignorancia. Elignorante cree ser grande, cree que ha hecho esta o aque­lla gran cosa; elsabio sabe que tan sólo Dios es grande y que sólo Él es el hacedor de todas lascosas buenas y perfectas.

2a dominiode la acción.— Si vuestra men­te es tal como debe ser,se perturbará muy poco con vuestra acción. Recordad que para ayudar a laHumanidad, el pensamiento debe conver­tirse en acción.

 

En esta labor no caben tibiezas, sino una cons­tanteactividad. Pero debéis cumplir vuestro propio deber, no el de los demás, a noser con su permiso y con el fin de ayudarlos. Dejad que ca­da cual cumpla supropio deber, a su modo pe­culiar; estad siempre dispuestos a ofrecer vues­troapoyo cuando sea necesario, pero nunca os entrometáis. Porque, para algunaspersonas, la cosa más difícil del mundo es aprender a cum­plir sus propiosdeberes, y precisamente esto es lo que vosotros debéis hacer.

 

Aunque tratéis de realizar una labor más ele­vada, nopor ello debéis olvidar vuestros deberes ordinarios, pues hasta que éstos noqueden satis­fechos, no estaréis en libertad para prestar otros servicios. Noos comprometáis a nuevos deberes mundanos; mas debéis cumplir perfectamenteaquellos de que estéis encargados, esto es, todos aquellos deberes quereconozcáis como eviden­tes y razonables, no deberes imaginarios que otrostraten de imponeros. Si queréis servirles a Ellos, debéis cumplir vuestrosdeberes ordina­rios mejor y no peor que los demás; porque ha­ciendo estotambién Les servís.

tolerancia.—Debéis sentir perfecta to­lerancia hacia todos y unsincero interés por las creencias de los que profesan otras religiones, tantocomo por la que profesáis. Porque la religión de los otros es un sendero queconduce a lo más elevado, lo mismo que la vuestra. Para ayudar a todos, debéiscomprenderlos.

 

Más, para alcanzar esta perfecta tolerancia, debéislibraros antes del fanatismo y de la superstición. Debéis saber que no hayceremonias necesarias; de otro modo os consideraríais algo mejores que los queno las practican. Sin em­bargo, no debéis vituperar a los que aun las ne­cesitan.Dejadles hacer su voluntad; pero ellos no deben meterse con vosotros, quesabéis la ver­dad, ni deben tratar de imponeros aquello que habéis trascendido.Sed indulgentes y bondado­sos en todo.

 

Ahora que vuestros ojos están abiertos, quizás osparezcan absurdas algunas de vuestras anti­guas creencias y ceremonias; tal vezlo sean en realidad. Pero, aunque ya no toméis parte en ellas, respetadlas porconsideración a aquellas buenas almas para quienes todavía tienen impor­tancia.Ellas tienen su lugar y su utilidad, como la falsilla le sirve a un niño paraescribir dere­cho, hasta que aprende a escribir mejor y con mayor igualdad sinella. Hubo un tiempo en que las necesitasteis, pero ya pasó aquel tiempo.

Un gran instructor dijo: "Cuando yo era niño,hablaba, comprendía y pensaba como niño; pero ya hombre, di de lado lasniñerías."

 

Quienhaya olvidado su infancia y perdido la simpatía por los niños no puedeenseñarles ni ayudarles. Así, sed bondadosos, amables, tole­rantes con todoslos hombres sin distinción, sean buddhistas o indos, jainas o judíos,cristianos o musulmanes.

alegría.—Debéis sobrellevar alegremen­te vuestro karma,cualquiera que sea, aceptando como un honor que el sufrimiento caiga sobrevosotros, porque esto demuestra que los Señores del Karma os consideran dignosde ayuda. Por muy penoso que resulte, agradeced que no sea peor. Recordad quepodréis servir muy poco pa­ra la labor del Maestro, mientras vuestro mal karmano se extinga y quedéis libres. Al ofrece­ros a Él, habéis pedido que seacelerase vuestro karma, y así, en una o dos vidas haréis lo que de otro modohubierais debido hacer en cientos. Pero a fin de obtener el mejor resultado,debéis sobre­llevarlo alegremente.

 

Todavíahay otro aspecto. Debéis desechar to­da idea de posesión. El Karma puedearrebataros las cosas que más queráis y hasta a las per­sonas que más améis.Aun entonces debéis per­manecer alegres, dispuestos a separaros de todo. Amenudo el Maestro necesita verter Su fuerza sobre otros por medio de Sudiscípulo e incondi­cional servidor; y si éste cayese en la depresión no podríaÉl realizarlo. Así, la alegría debe ser vuestra norma.

 

 aspiración única.—El objetivo que de­béis tener a la vista es realizarla obra del Maestro. No debéis jamás olvidarla, cualesquiera que sean lasocupaciones que os salgan al paso, y ninguna otra labor puede interponerse envuestro camino, porque toda la que sea fecunda y desin­teresada es labor delMaestro, y debéis ejecutar­la por amor a Él.

 

Además,debéis poner toda vuestra atención en cada parte de la misma, pa­ra que lahagáis lo más perfecta posible. El mis­mo Instructor dijo también: "Sea loque fuere que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.

 

Pensadcómo eje­cutaríais una obra si supieseis que el Maestro ha de venir a verla;así debéis realizar toda labor." Los más conscientes sabrán mejor lo queeste versículo significa. Y hay otro semejante y mu­cho más antiguo:"Esfuérzate tanto como puedas en cumplir cualquier cosa que se tepresente."

 

Aspiraciónúnica significa también que nada deberá jamás desviaros, ni siquiera por unmomento, del sendero en que habéis entrado. Ni tentaciones, ni placeresterrenales, ni mundanos afectos deberán nunca apartaros de él. Porque vosotrosmismos debéis identificaros con el Sen­dero, el cual ha de formar parte devuestra naturaleza, de tal modo que lo sigáis sin necesidad de pensar en él nien la posibilidad de abando­narlo. Vosotros, la Mónada, lo habéis decidido;desprenderos de él equivaldría a desprenderos de vosotros mismos.

 confianza.—Debéis confiar en vuestro Maestro; debéis confiar envosotros mismos. Si ya habéis visto al Maestro, confiaréis del todo en Él através de vidas y muertes. Si aún no Lo habéis visto, debéis tratar deimaginároslo y confiar en Él, porque si no lo hiciéreis, no podrá Él ayudaros.Sin completa confianza no puede establecerse la perfecta corriente de amor y depoder.

 

Debéistener confianza en vosotros mismos. ¿Decís que os conocéis bien a vosotros mismos?Si tal creéis, no os conocéis; tan sólo conocéis la débil corteza externa quecon frecuencia cae en el cieno. Vosotros, vuestro Yo real, es una chispa delpropio Fuego Divino; y como Dios, que es omnipotente, está en vosotros, nadahay que no podáis hacer si queréis. Decíos: "Lo que hizo un hombre, otrohombre puede hacerlo. Yo soy un ser humano, más aún, soy Dios en el hombre:puedo y quiero hacerlo." Porque vuestra volun­tad debe ser cual acerotemplado, si queréis ha­llar el Sendero.

 

IV

El AMORes la cualidad más importante, por­que cuando es bastante fuerte en un hombre,lo estimula a revestirse de todas las demás, que sin ella nunca seríansuficientes. Suele definirse el amor como un intenso deseo de unión con Dios yde liberación de la rueda de nacimientos y muertes. Pero este concepto del amorsuena a egoísta e implica sólo una parte de su significa­do. El amor es más quedeseo; es voluntad, reso­lución,determinación. Para producir este resul­tado, la resolución debe llenar vuestranatura­leza entera, hasta el punto de no dejar lugar para ningún otrosentimiento. Es, sin duda, la volun­tad de ser uno con Dios, no para escapardel su­frimiento y de la fatiga, sino a fin de que, en ra­zón de vuestro amorprofundo hacia Él, podáis obrar con Él y como Él obra... Pues siendo Dios Amor,si queréis llegar a ser uno con Él, debéis también estar poseídos de amor yperfecto al­truismo.

 

En la vida diaria, esto significa dos cosas: pri­mera,que procuréis cuidadosamente no causar daño a ningún ser viviente; segunda, quesiem­pre estéis alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar.

 

Primero, no dañar. Hay tres pecados que causan en elmundo mayores males que todos los demás: maledicencia, crueldad y superstición,porque son pecados contra el amor. Si el hombre quiere henchir su corazón deamor divino, ha de vigilarlos y combatirlos constantemente.

 

Veamos los efectos de la maledicencia: Prin­cipia conel mal pensamiento, y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas laspersonas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A cualquiera de éstospodemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estor­barla evolución; podemos hacer la voluntad del Logos o trabajar en contra de ella.

 

Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquida­desa un tiempo:

 

1a Llenáis el ambiente que os rodea demalos pensamientos en vez de buenos, y así aumentáis las tristezas del mundo.

2a Si en el ser en quien pensáis existe elmal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis; y así, hacéis peor a vuestrohermano en vez de hacerlo mejor. Pero, si generalmente el mal no existe en él ytan sólo lo habéis imaginado, entonces vuestro maligno pensamiento tienta avuestro hermano y lo induce a obrar mal, porque, si no es todavía perfecto,podéis convertirlo en aque­llo que de él habéis pensado.

 

3a Nutrís vuestra propia mente de malos envez de buenos pensamientos, y así impedís vuestro propio desarrollo y oshacéis, a los ojos de quienes pueden ver, un objeto feo y repulsivo, en vez debello y amable.

 

No contento con hacerse todo este daño y ha­cerlo a suvíctima, el maldiciente procura con to­das sus fuerzas que los demás participende su crimen. Les expone con vehemencia su chisme, con la esperanza de que locrean, y entonces los convencidos cooperan con él, enviando malos pensamientosal pobre paciente.

Y esto continúa día tras día, y no lo hace sólo unapersona, sino miles. ¿Veis ahora cuán bajo, cuán terrible es este pecado?Procurad evitarlo en absoluto. No habléis jamás mal de nadie; negaos a escuchara quien os hable mal de otro, y decidle, afectuo­samente: "Tal vez eso nosea verdad, y, aunque lo fuese, es mejor no hablar de ello".

 

En cuanto a la crueldad, ésta es de dos clases:intencionada y sin intención.

 

Lacrueldad intencionada consiste en causar, de propósito, dolor a otros seresvivientes, y éste es el pecado más grave de todos: obra de diablo más bien quede hombre. Diréis que ningún hom­bre puede hacer una cosa semejante; pero preci­samentelos hombres la han hecho muy a menu­do y aún la están haciendo cada día.

 

Losinquisi­dores la practicaron, y también muchas gentes religiosas en nombre desu religión; los vivisectores, así como habitualmente algunos maestros deescuela.

 

Todasestas personas tratan de ex­cusar su brutalidad con la costumbre; pero uncrimen no deja de serlo porque muchos hombres lo cometan. Karma no tiene encuenta las cos­tumbres; y el karma de la crueldad es el más terrible.

 

En laIndia, al menos, no puede haber excusa para tales costumbres, porque todos co­nocenel deber de no acusar mal a nadie. El des­tino de los crueles cae también sobreaquellos que se dedican intencionadamente a matar a las criaturas de Dios, yllaman a esto deporte.

 

Ya sé que tales cosas no las efectuáis vosotros, y poramor de Dios hablaréis claramente contra ellas cuando la oportunidad se ospresente. Pero también hay crueldad en las palabras como en los actos, y unapersona que diga una palabra con intención de herir a otra es culpable de estecrimen. Esto tampoco lo haréis vosotros; pero algunas veces una palabra dichaal descuido ha­ce tanto daño como una maliciosa. Así pues, de­béis estarsiempre en guardia contra la crueldad no intencionada.

 

En general, ello procede de la irreflexión. Hayhombres tan poseídos de la ambición y de la ava­ricia, que ni siquiera se dancuenta del sufri­miento que causan a los demás pagándoles poco, o haciendopasar hambre a su mujer e hijos Otros, pensando tan sólo en su codicia, sepreocupan poco de los cuerpos y de las almas, a quie­nes arruinan porsatisfacerla.

 

Para librarse de unos cuantos minutos de molestia, unhombre deja de pagar a sus obreros el día que les corres­ponde, sin acordarsede las dificultades que este hecho les reporta. ¡Tanto sufrimiento se causa pordescuido, por olvidar cómo una acción ha de afectar a los demás!... Pero Karmanunca olvida, y no tiene en cuenta que los hombres ol­viden los hechos.

 

Si deseáis entrar en el Sendero, debéis pensar en lasconsecuencias de vuestros actos, para que no seáis culpables de crueldadirreflexiva.

 

La superstición es otro mal tremendo, que ha causadograndes y terribles crueldades. Las per­sonas esclavas de ella menosprecian alas que saben más, y tratan de obligarlas a hacer lo que ellas hacen.

 

Pensad en la horrorosa matanza debida a lasuperstición de sacrificar a los animales y al todavía más terrible prejuiciode que el hombre necesita alimentarse de carnes. Pensad en el trato a que lasuperstición ha dado motivo con respecto a las clases oprimidas en nuestraamada India, y ved cómo esta mala tendencia puede engendrar una despiadadainconsideración, aun entre los que conocen el deber de fraternidad.

 

Los hombres han cometido muchos crímenes en nombre delDios de Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; cuidad mucho de queno quede en vosotros ni el más leve vestigio de ella.

 

Debéisevitar estos tres grandes delitos, por­que son fatales a todo progreso, por serpecados contra el amor. Pero no tan sólo estáis obligados a refrenaros de estemodo ante el mal, sino que habéis de ser activos para el bien. El intenso de­seode servir ha de llegar al máximo, hasta el punto de estar siempre a la mirapara aplicarlo alrededor de vosotros no tan sólo a las personas, sino a losanimales y a las plantas.

 

Debéispres­tar vuestro servicio hasta en las pequeñas cosas de la vida diaria, demodo que, acostumbrándoos a ello, no podáis substraeros, cuando se presente laoportunidad de hacer cosas de mayor impor­tancia. Pues si deseáis llegar a seruno con Dios, que no sea para vuestro propio beneficio, sino para convertirosen canal por donde fluya Su amor para alcanzar a vuestros semejantes.

 

El que está en el Sendero no vive para sí mis­mo, sinopara los demás; se olvida de él para po­der servirlos. Es a manera de pluma enmanos de Dios, por la que fluye Su pensamiento y tiene expresión aquí abajo, loque no podría suceder sin ella. Es a manera de un canal de fuego vi­viente quederrama sobre el mundo el Divino Amor que llena su corazón.

 

La sabiduría que os capacita para ayudar, la voluntadque dirige la sabiduría, el amor que inspira la voluntad, éstas son vuestrascualidades.

 

Voluntad, Sabiduría y Amor son los tres as­pectos delLogos; y vosotros, que deseáis alistaros para servirlo, debéis, hacer gala deellos en el mundo.

 

 

 

Quien lapalabra del Maestro anhele,

De Sus mandatos póngase en escucha

Entre el fragorde la terrena lucha,

Y la escondidaLuz atento cele.

 

Sobre elinquieto y mundanal gentío,

Del Maestroatisbe la señal más leve,

Y oiga elsusurro que Su voz eleve

Del mundo entreel rugiente griterío.

Modificado el ( Monday, 08 de February de 2010 )
 
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